Definición aparecida en 1913 | Cartas del Grial

Definición aparecida en 1913

Comenzaremos estas cartas con la definición de GRIAL. A continuación te mostraré un breve apartado del libro de 1913 LAS LEYENDAS DE WAGNER escrito por ADOLFO BONILLA Y SAN MARTÍN, con un apéndice sobre el Santo Grial en el LANZAROTE DEL LAGO:

Según el Diccionario académico, grial (del bajo latín grádate) es “vaso o plato místico de que se habla en los libros de caballería”. Si semejante acepción de grial hubiese sonado en los oídos de un ama de casa del siglo XIV, habría sentido la misma impresión que la que experimentaría una de nuestro tiempo al oir que unas trébedes son un objeto cabalístico. Porque es lo cierto que un grial, en tierra de Castilla, era antiguamente un plato o vaso más o menos grande, sin sentido místico de ningún género. Así el Arcipreste de Hita, describiendo lo que hace la dueña al llegar la Cuaresma, dice que limpia y muda todos los objetos de la cocina casera:

“Escudillas, sartenes, tinajas e calderas,
cañadas e barriles, todas cosas caseras,
todo lo fizo lavar a las sus lavanderas,
espetos e griales, ollas e coberteras”

Se puede leer este texto en la página 40 del libro anexo. Se decía, pues, grial por vaso, plato o escudilla, de la misma suerte que tabla por mesa; y así como la denominación Tabla Redonda tenía una significación especial, aplicada a la institución fundada por el rey V ter Padragón, a instancias del sabio Merlín, así Santo Grial era, tradicionalmente, la copa sagrada en que José de Arimatea recogió la sangre de Jesucristo.

Somos tan afortunados en materia de leyendas relativas a copas milagrosas, que, si hemos de creer a la tradición, se conserva precisamente en España y es la más preciada reliquia de la catedral de Valencia, el cáliz usado por Jesucristo en la última Cena.

“Su forma es semiesférica, del tamaño de una naranja grande, y de una especie de piedra ágata conocida con el nombre de cornerina oriental. Su color rojo obscuro es tan especial, que introduciendo en el interior de la copa una luz, aparecen en su transparencia visos de varios matices, con todas las coloraciones del iris, claros, encendidos y obscuros. Dicha copa está desnuda de toda guarnición de adorno, y su pie, que es del mismo color, parece de concha. Los bordes y centros de éste, están guarnecidos de oro purísimo, veintiocho gruesas perlas, dos balajes y dos esmeraldas. El cuello y las asas son de oro, delicadamente cincelados.”

Lo que positivamente se sabe acerca de esta copa, es que durante los siglos XIII y XIV se guardaba como reliquia en el monasterio de San Juan de la Peña.

Se puede ver el recorrido en el acceso: link

Pasó luego al real palacio zaragozano de la Aljafería, en tiempos del rey D. Martín; y después a manos de Alfonso V, quien, teniendo que partir de Valencia, lo depositó en la Catedral.

Los monjes de San Juan de la Peña, por su parte, decían que el tal vaso había correspondido a San Pedro, después de la Asunción de la Virgen; que San Pedro lo llevó de Jerusalén a Roma; que, en tiempo de San Sixto II, su tesorero San Lorenzo llevó el cáliz a Huesca, su patria, y que, en los momentos de la invasión sarracena, los cristianos oscenses huyeron con la reliquia a cierta cueva, situada en los abruptos Pirineos, donde más tarde se fundó el citado monasterio de San Juan de la Peña. Todos estos detalles, y algunos más, fueron minuciosamente recogidos en Valencia, el año 1736, por don Agustín Sales, en su Disertación histórica, crítica y expositiva del Sagrado Cáliz en que Cristo Señor Nuestro consagró en la noche de la Cena.

Y no es este, por cierto, el único célebre cáliz español. Los autores de la Primera Crónica general (capítulo 981), al hablar de la conquista de Almería por Alfonso VII el Emperador (en 1147), dicen, siguiendo al arzobispo don Rodrigo:

«Et ell estando allí ya cuanto tiempo, viniéronle y en ayuda el conde don Remond de Barcilona, su cuñado, et los genueses (genooeses) con sus flotas; et ayudando ellos fielmente, ell emperador venció et gano Almaria et sus términos, que era aquello por que el viniera alli. Et retovo para sí la cipdat, et dio la prea toda a los de Genua; et en la prea et en los espojos que tomaron en la cipdat et en los términos della, fallaron y un vaso de piedra esmeralda que era tamaño como una escudiella, et los de Genua dijieron al emperador que les diesse aquel vaso, et todo lo al que lo diesse a quien él quisiesse, ca ellos non queríen ende más de aquel vaso, et con aquéll eran sus pagados. Et ell emperador otorgógelo, et dióles el vaso, et tomó toda la otra prea et di la luego toda al conde de Barcilona.»

Gayángos hace notar que este vaso debía de ser el mismo que los genoveses mostraron a Luis XII en 1502, diciendo que era la copa usada por el Señor en la última cena, y que la habían adquirido como su parte del despojo en la toma de Jerusalén por los cruzados en 1099.


Claro es que, en rigor, ninguno de estos griales es el de José de Arimatea, el conservado, según la fábula, en el mítico castillo de Corbenic; pero no por eso dejan de ser santos, ni de enlazarse con tradiciones semejantes.

Para poder ver la página 40 donde se cita esto, se puede consultar una reproducción del libro original de 1913 LAS LEYENDAS DE WAGNER escrito por ADOLFO BONILLA Y SAN MARTÍN, con un apéndice sobre el Santo Grial en el LANZAROTE DEL LAGO en este apartado:

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